Había mucho ruido a su alrededor. ¿Por qué no le dejaban dormir? Estaba cansado, se sentía pesado y solo quería sumergirse en los brazos de Morfeo y olvidarlo todo.
- Chico, eh chico - una voz se elevaba por encima de todo ese ruido, aplacándolo lentamente.
- ¿Me oyes chaval? - le preguntó la voz apremiante - Te estoy hablando a ti, al que finge dormir.
De mala gana abrió los ojos lentamente. Todo lo que le rodeaba estaba borroso.
Desperezó su mente y centró la vista. Poco a poco un cielo de un extraño azul apareció ante él. La bóveda celeste emitía esa gama de colores característica del atardecer. Grupos de blancas nubes colmaban el cielo, junto con bandadas de pájaros que desfilaban en formación. Se respiraba paz y tranquilidad, ya no se oía el bullicio de un momento atrás. Abrió la boca y cogió una gran cantidad de aire puro.
Una fría brisa le acarició la cara, empujando un diente de león hasta su boca. Sobresaltado por la sorpresa se medio incorporó, escupiendo los restos de flor que se le habían quedado pegados. Se encontraba tumbado en un gran prado verde. Dientes de león cubrían gran parte de de ese prado dibujando alfombras de oro y plata. Ahora la brisa soplaba con algo más de intensidad y el canto lejano de los pájaros llegaba hasta él. Cerró los ojos y se entregó al momento.
- Eh chico, ahora que te has despertado no vuelvas a cerrar los ojos - le recriminó una voz detrás suyo.
Abriendo los ojos, se giró extrañado y con el corazón agitado. Detrás de él el prado ascendía por la montaña y acababa en un gran sauce llorón. Sentado en una gran roca, a los pies del árbol, había un hombre mayor de cara afable que le sonreía.
- Venga, acércate – le apremió con la mano - no muerdo, sabes?
El tono afable de ese hombre tranquilizó su corazón. Se incorporó de un salto y estiró los brazos. Ahora que estaba de pie, podía ver el paisaje que le rodeaba.
Se encontraba en la parte superior de una pequeña montaña que acababa en un gran lago. A lo lejos se divisaba una cadena montañosa cubierta de nieve. El sol se estaba escondiendo entre esas montañas bañándolas de colores rosáceos y violetas.
Campos de trigo rodeaban el cristalino lago y los separaban de esas montañas. En las faldas de la montaña se distinguían un grupo de ciervos pastando tranquilamente. Un camino de tierra discurría entre los campos y ascendía por la montaña pasando al lado del sauce. La brisa que provenía de las lejanas montañas no era gélida, como la imagen transmitía, sino ligeramente fresca. Ascendió lentamente hacia el encuentro del anciano, admirando el paisaje sin perderse detalle.
- Bonita vista verdad? - le preguntó el anciano cuando llegó a su altura.
- Si - le respondió con franqueza - nunca había visto nada igual.
- Yo diría que si, aunque no le habías prestado la atención que le dedicas ahora. Siéntate a mi lado, tenemos muchas cosas de las que hablar.
El se acomodó encima de la roca cruzando las piernas. Justo al lado del viejo, había una bandeja de madera con una tetera y un par de vasos de cerámica.
- ¿Quieres un poco de té? - le preguntó el viejo
- Si, gracias.
El viejo le tendió uno de los vasos y luego cogió el otro para él. Una estela de humo salía de la taza que le había ofrecido el viejo, por miedo a quemarse, sorbió un poco del líquido. Tenía un sabor dulzón y refrescante, y sorprendentemente, estaba templado.
- Supongo que tendrás algunas preguntas - comentó el anciano.
El lo miró extrañado. Era cierto, tenía muchas preguntas, pero no había caído en ellas hasta que él se lo había dicho.
- ¿Porqué me has despertado? - le preguntó
El anciano se echó a reír - De todas las preguntas posibles, ¿es esa tu mayor preocupación? - le preguntó sonriente - no soy yo el que te ha despertado, eres tu el que me has llamado.
-¿Yo? - preguntó extrañado - No es eso lo que recuerdo.
-¿Y lo recuerdas todo? Entonces dime, ¿como te llamas?
Inconscientemente, hizo ademán de responderle, pero las palabras no salieron de su boca. ¿Quién era él? ¿Por qué no podía recordar su nombre? ¿Como había llegado allí? ¿Tenía familia? ¿Amigos? ¿Que le había ocurrido? ¿Donde estaba?
-Ahora tienes más preguntas ¿no? - le preguntó el viejo mirándolo afablemente - Desafortunadamente para ti, no tengo todas las respuestas.
- ¿Donde estamos?
- En el mundo de los sueños - le respondió sorbiendo un poco de té - o tu representación del mismo al menos.
- Como que ¿mi representación?
- Decididamente este no es mi sueño, tú me llamaste. Todos tenemos un lugar en el mundo de los sueños donde nos encontramos seguros. Una representación de nuestros anhelos y deseos. Este es tu lugar, y he de puntualizar que me encanta.
- ¿Y que hago aquí?
- Creo que eso es obvio. Estas soñando.
- Si pero...
- No sigas. No tengo respuesta para lo que ibas a preguntar. El verdadero porqué deberás encontrarlo tú.
- ¿Y como lo hago?
- Para eso me llamaste. Vamos a emprender un viajes joven amigo, tu y yo. Dependerá de ti encontrar las respuestas.
No tenía muy claro que le quería decir el anciano, pero sabía que allí sentado nadie le daría respuesta a sus preguntas. Desvió su mirada hacia el valle y apuró la taza de te. Algo en su interior se estaba agitando, no podía quedarse parado, debía avanzar.
- Tengo miedo - le confesó al anciano
- Un sentimiento muy humano. - le respondió - pero ¿a que? ¿A las preguntas o a las respuestas?
- A ambas. ¿Y si no formulo la pregunta correcta? ¿Y si no estoy preparado para la respuesta?
- Entiendo tu inquietud... ¿prefieres quedarte aquí?
- Sería lo sencillo. Olvidarme de todo y quedarme aquí soñando. Pero no puedo. Algo en mi interior me pide respuestas.
El anciano sonrió - Entonces estás preparado - sentenció dejando la taza en su sitio y incorporándose de un salto.
El lo miró sorprendido - ¿Como has hecho eso a tu edad?
- Primera norma joven amigo: "En el mundo de los sueños, no todo es lo que parece. Sino lo que representa que debería ser".
- ¿Y por donde empezamos?
- Eso deberás decidirlo tú. De todas las preguntas que vienen a tu mente, ¿Cual tiene mayor prioridad?
- Quiero saber porqué estoy aquí - le respondió sin dudarlo
- Bueno, podría responderte que en algún lugar debes estar...pero dudo que esa respuesta te sirva. Ven - le dijo recogiendo un cayado del suelo - empecemos a andar.
Dudó un poco observando como el anciano se alejaba del árbol a buen ritmo. No estaba realmente seguro de emprender el viaje tan pronto, pero si estaba seguro que no quería quedarse allí, por ahora. Con un rápido sprint se puso a la altura del viejo. - ¿Donde vamos ahora? - le preguntó sonriente.
- Chico, chico - le recriminó - ¿es que no te escuchas ni a ti mismo? Vamos a averiguar porqué estas aquí.
- Me refería... ¿a donde vamos para averiguarlo?
- Para serte sincero, no estoy muy seguro de ello. Pero de lo que si estoy seguro, es que bajo del cobijo del sauce, no encontrarás nada. Dime, ¿recuerdas algo más?
- A decir verdad no. Pero tampoco es algo que me preocupe.
- Pues debería, si tú no tienes inquietudes para ti mismo quién crees que las tendrá.
- Pero tarde o temprano recordaré ¿no?
- Eso dependerá de ti en mayor medida. Si sigues buscando respuestas, acabarás encontrándolas. Si te entregas al olvido...
Ambos guardaron silencio durante un rato mientras descendían por el camino en dirección al lago. Ahora que veía el otro lado de la montaña, tenía una mayor panorámica del valle. Si bien, desde su posición inicial veía campos de trigo, desde el otro lado había un frondoso bosque. En el linde del mismo, se vislumbraba las ruinas de una casa.
- ¿Que es aquello? - le preguntó al anciano señalando las ruinas
- Umm, no lo había visto hasta que lo has nombrado - le respondió mesándose la barbilla
- Parecen las ruinas de una casa. ¿Ha habido algún incendio?- le preguntó al anciano
- Y yo que voy a saber! - le espetó molesto - es tu sueño. Deja de hacer preguntas tontas y vamos a inspeccionar.
Cuando llegaron cerca de la casa, el anciano se sentó en una piedra y se sacó un pañuelo para secarse el sudor. - Ves tu hijo - le dijo cansado - yo ya estoy mayor para estos trotes.
Se acercó con cuidado a la derruida casa. Los materiales, aunque castigados por el paso del tiempo, eran de buena calidad y la base sólida. No había signos de fuego, ni cualquier otra desgracia. Pero la casa estaba totalmente destrozada. Las ventanas estaban rotas desde su interior. Una gran parte del techo se había desmoronada y ocupaba gran parte del salón y del piso superior. La vista desde fuera era tétrica, como si amenazadora advertencia saliera de esa casa. Su instinto de protección le detuvo junto en el linde de la puerta. Solo cuando estaba a esa altura, pudo distinguir un extraña membrana acuosa y transparente que la cubría. Alargó la mano y la toco con el dedo índice. Una serie de surcos se dibujaron en su superficies, semejante a las hondas que producen una piedra en el agua.
- Eso es el velo - le dijo el anciano
- ¿El velo? - preguntó extrañado
- Es la puerta al sueño de otra persona, aunque a juzgar por lo que se ve desde aquí, no es un sueño muy agradable. ¿Ves la casa sólida?
- Destrozada, pero la veo bien.
- En mi caso la veo borrosa, como si no estuviera del todo aquí.
- Entonces, mejor me aparto. No quiero entrar en un sitio donde no estoy invitado.
- No - le respondió con firmeza el viejo - justamente al contrario. Debes entrar.
Él lo miró con asombro - Pero no está bien meterse en los sueños de otros.
- Oh, por Dios, ¿que eres? ¿Una hermanita de la caridad? Bueno o malo, ¿Quién lo sabe? Si esta puerta está aquí en tu sueño, es porque guarda relación contigo. Te guste o no debes entrar. Una de las respuestas que buscas estará allí dentro.
- Parece peligroso - comentó intentando mirar más allá del velo.
- Aunque estemos en este mundo onírico, la amenaza implícita que ves, es muy real. Es cierto, que en general lo que te ocurra aquí, no puede dañarte físicamente, pero puede hacerlo de otras formas más peligrosas.
- ¿Que me aconsejas?
- Que seas prudente.
- ¡Vaya profeta! en fin, iré a echar un vistazo. ¿Vienes?
- Este es tu viaje, yo solo te hago de Cicerone. Yo esperaré aquí tu regreso.
El sonrió sarcásticamente y atravesó el velo cerrando los ojos. El contacto fue frío y fugaz, como si hubiera traspasado una fina capa de hielo. Al volverlos a abrir, todo era oscuridad a su alrededor. Se giró alarmado, detrás suyo podía ver claramente el otro lado del velo. La imagen que se veía de la casa desde fuera, no concordaba con lo que estaba viendo ahora, pero era un sueño al fin y al cabo. Se adentró unos pasos y sus ojos se fueron habituando poco a poco a la oscuridad.
La casa estaba en penumbras, pero había un débil fulgor azulado en las paredes. Todo el mobiliario estaba cubierto de telarañas y polvo, como si hubiera pasado mucho tiempo. Podía oír claramente unos sollozos y los gritos y golpes amortiguados de un hombre. Como si este último estuviera muy lejos. Se adentró más en la casa y llegó al comedor.
En su tiempo, debía haber sido un lugar confortable y cálido, ahora era todo lo contrario. En medio de la estancia se veía la figura borrosa de un hombre chillándole a una niña pequeña. Los dos se peleaban y la niña salía corriendo de la casa llorando. El hombre enfadado, rompía un par de objetos y se derrumbaba en el sillón llorando. Al cabo de un instante, la imagen volvía a repetirse, una y otra vez.
Al lado de esta escena, sentada en una silla, había una mujer joven llorando desconsoladamente. A diferencia de la escena anterior, a ella se la veía claramente y emitía un fulgor cálido y blanco, que daba la sensación de perder intensidad muy lentamente.
Ella se giró sobresalta al advertirlo y se lo quedó mirando.
- Perdón, yo no quería meterme...- intentó excusarse
- ¿Puedes verme? -le preguntó esperanzada
- Si, claro
- ¡Gracias a Dios! Tienes que ayudarme, que ayudarlos. Ellos se quieren - le contó desviando la vista hacia las figuras borrosas - pero el dolor y el orgullo les han llevado hasta esto. Si sigue así, lo perderán todo y se quedarán como esta casa. Pero no me oyen, por más que intento gritarles, no me hacen caso. Tienes que ayudarles.
- No creo que puedan oírme a mí tampoco. - le respondió francamente - es como si estuvieran encerrados en su mundo.
- Encuentra a Judith - le suplicó la mujer - cuando mi niña huyó de esta casa, empezó este infierno. Debe estar en el bosque perdida. Te lo suplico.
Desvió la mirada desde la mujer, a la figura del hombre varias veces. Una voz en su cabeza le decía que no era su problema, que no debía complicarse la existencia. Uno solo debía mirar para si mismo y dejar que los demás hicieran lo mismo. Pero en su corazón...si esas palabras eran ciertas...algo no encajaba.
- No puedo prometerte nada - le respondió sinceramente - pero voy a intentar encontrarla.
- Gracias. Ten - le respondió tendiéndole un pañuelo - dale esto cuando la encuentres y sabrá que vas de mi parte.
- Vaya te has tomado tu tiempo - le dijo el anciano cuando salió de la casa.
- No te quejes que no he tardado tanto - le respondió apretando el pañuelo.
- La percepción del tiempo es diferente en los dos lados y si estas tomando el cielo como referencia, no lo hagas. El sol no se ha movido ni un ápice en todo el rato que llevo aquí sentado.
El lo miró extrañado y sin acabar de creerle.
- ¿Un regalo? - le preguntó el viejo señalando con la mirada el pañuelo
- Mas bien una petición - le respondió - deberás esperar un poco más sentado, debo encontrar a alguien.
Al ver el gesto de interrogación en la cara del anciano, le explicó todo lo sucedido.
- Tampoco tenía nada mejor que hacer, no tenemos prisa realmente.- sentenció el viejo después de oir todo el relato.
- Debo encontrar a la niña en el bosque - le comentó echando una ojeada al denso follaje - pero no se por donde empezar.
- Quizás pueda ayudarte. Lo mismo que me ocurre con la casa, sucede en esa zona de árboles. Los veo borrosos. Yo empezaría por allí.
Él asintió con la cabeza y se dirigió hacia el grupo de árboles que le señalaba el anciano. Tenia que abrirse camino entre zarzas y matojos, parecía como si el bosque no quisiera dejarle llegar a su objetivo. ¿Porqué tenia que esforzarse tanto? Era una pregunta que venia a su mente una y otra vez, pero algo en su corazón le decía que ese era el camino correcto. Al cabo de un rato de luchar, llegó a un claro donde había la figura borrosa de una niña llorando. El se acercó lentamente por miedo a asustarla.
- ¿Estas bien pequeña? ¿Eres Judith? - le preguntó cariñosamente. Ella lo miró sorprendida y con cara de miedo. - No has de tener miedo de mí - agregó.
- ¿Quién eres? - le preguntó desconfiada.
- Un amigo de tu madre. Ella quiere que vuelvas.
Quiero volver a casa - le respondió inocentemente - pero allí nadie me quiere.
- Eso no es verdad. Se que te peleaste con tu padre y crees que el esta enfadado contigo. Pero él esta llorando y quiere que vuelvas.
- ¿De verdad? - la figura de la niña empezó a coger definición poco a poco - ¿Puedo volver a casa?
- Si. Por eso he venido a buscarte - se arrodilló al lado de la niña - tu madre esta preocupada por los dos y me ha pedido que te encontrara. Me dio esto para ti. - añadió tendiéndole el pañuelo.
La niña cogió el pañuelo. Ahora podía verla claramente. Era una niña rubia de 6 años, que sostenía una muñeca de trapo. - ¡Este pañuelo es de mama! - exclamó contenta - ¿ha vuelto a casa?
- Ella siempre ha estado allí, aunque tú no la vieras.
- Lo se. Podía sentirla, pero por más que buscaba no la encontraba.
- Ahora ella esta triste. Quiere que tú y tu padre, hagáis las paces. ¿Volverás conmigo?
La niña se secó las lágrimas de la cara y asintió frenéticamente con la cabeza. - Llévame con papá.
La niña apretaba fuertemente su mano. El estado de la casa la asustaba. Pero él la tranquilizó.
Al verles entrar, la mujer se levantó de la silla - ¡¡Mi niña!! - exclamó en voz quebrada y alargando el brazo derecho con intención de tocarla. Pero esta, parecía que no podía verla, ni oírla.
La imagen borrosa del hombre se paró en seco. – Has vuelto a casa - dijo con voz compungida.
La niña estalló en lágrimas y corrió hacia su padre. Al igual que le sucedió a la pequeña, la figura del padre empezó a cobrar nitidez poco a poco.
- Perdóname cariño - le dijo entre lágrimas y abrazándola - no quería, yo no quería. Lo siento mucho.
- Yo también lo siento papá - le respondió la niña llorando - no volveré a irme.
Una luz muy intensa rodeo a padre e hija y creció en intensidad. Un gran destello invadió la estancia durante unos segundos. Cuando se apagó todo había recobrado su fulgor. La casa ya no estaba en ruinas, todo estaba en su sitio, limpio, nuevo y una agradable calidez bañaba toda la estancia.
- Gracias - le dijo una voz a sus espaldas
Se giró, y vio a la mujer que sonreía, mientras veía como se abrazaban padre e hija.
- ¿No vas a reunirte con ellos? - le preguntó extrañado.
- No puedo. - respondió con melancolía - mi tiempo paso hace mucho. Me resistía a creerlo y mi presencia aquí, ha causado todo esto. Me ha costado entender que mientras se tengan el uno al otro, ya no me necesitan. Una vez más gracias por lo que has hecho. - y con estas últimas palabras, la mujer fue desapareciendo poco a poco.
Salió de la casa cabizbajo y con el ceño fruncido.
- Supongo que ahora toca el turno de las preguntas - dijo el anciano al verle.
- ¿Estoy muerto? - le preguntó directamente.
- No - respondió - No aún, al menos. Estas en "by-pass", por decirlo de alguna manera.
- Entonces, estoy aquí para hacer cosas como las que acabo de hacer.
- Tampoco. Lo que acabas de hacer es atípico y muy raro. El mundo de los sueños y el de los espíritus, por norma no se cruzan. Pero tu estado actual, te ha permitido hacer de puente entre los dos mundos.
- ¿Que he hecho allí exactamente?
- Ayudar. Lo que has visto y vivido, era la representación onírica de un problema real. La mujer, murió tiempo atrás dejando solos a su marido y a su hija. El dolor, el orgullo, la soledad fueron haciendo mella en ellos y acabó en un distanciamiento total. Esa ruptura les estaba destrozando a los dos. Lo que has conseguido hoy es que superaran su dolor y volvieran a juntarse. Cuando se despierten, los motivos de su enfado ya no tendrán sentido. Si su amor es más fuerte que la pena y el orgullo, volverán a ser una familia. Simplemente, les has ayudado a retomar su camino.
- ¿Entonces?
- Entonces, estas aquí porque tienes que encontrar tu propio camino. Tu alma esta dividida, una parte quiere entregarse al descanso. La otra, la que me ha llamado, quiere seguir luchando. Tú debes decidir por donde continuar.
- ¿y como lo hago?
- Es simple. Debes recordar.
-¿Recordar? ¿Recordar quién soy?- repitió en voz alta para si mismo - mi nombre era...- Le costaba recordar, como si un velo cubriera su mente, pero se obligó a continuar. De repente un dolor insoportable le atenazó el pecho y le obligó a arrodillarse. Cuanto más intentaba recordar, más dolor sentía. Era como si una mano invisible le estuviera atravesando el pecho. Era insoportable. No tenía que pasar por todo eso, no era necesario recordar como le había dicho el anciano, no necesitaba su pasado para nada… o si lo era...
El dolor se hacia cada vez más intenso, más real. Perdió el equilibrio y cayó al suelo. El mundo a su alrededor empezaba a desdibujarse, a perder intensidad. ¿Debía aferrarse a él o entregarse al dolor? Buscó con mirada asustada al anciano. Este lo estaba observando con semblante serio.
- No te preocupes muchacho – le dijo para tranquilizarlo – no me moveré de aquí, te estaré esperando.
- No te preocupes muchacho – le dijo para tranquilizarlo – no me moveré de aquí, te estaré esperando.
Cerró los ojos decidido y se concentró. Ahora notaba un liguero dolor en su costado derecho y un auténtico infierno en su pierna izquierda. Abrió la boca para exhalar una gran bocanada de aire y un grito de dolor salió de ella.
Cuando abrió los ojos, todo había cambiado. Se encontraba en medio de un frondoso bosque y estaba oscuro. Hacía frío y aunque la pálida luz de la luna le ofrecía cierta claridad, no era suficiente para saber donde se encontraba. Hizo el ademán de incorporarse, pero su pierna izquierda emitió una punzada de dolor que le se lo impidió. Mareado, empezó a respirar rápida y entrecortadamente. Apretó la mandíbula y sin mover las piernas se medio incorporó. Las costillas le dolían y le costaba respirar.
Su pierna izquierda estaba rota. Podía ver claramente como el hueso sobresalía de su pierna. El corazón empezó a latirle a mil por hora. Volvió a tumbarse e intentó calmarse. Aunque la pierna le dolía a horrores, si no se movía mucho, el dolor era soportable. ¿Como había llegado allí?.Cerró los ojos e intentó recordar.
Rostros de personas venían a su mente. Risas, bromas…amigos?. Si, eso era. Había salido de excursión con unos amigos. Ahora podía recordarlo todo, todo lo que había ocurrido…
- Estas muy serio, te encuentras bien – le preguntó Cristina con una sonrisa.
- Si, solo estoy un poco cansado- le contestó algo ausente – ayer me quedé hasta tarde hablando con un colega que esta en Londres y he dormido poco.
Nacho se acercó por detrás y se abalanzó sobre él, rodeando su cuello con los brazos y dejando caer su cuerpo – Venga, anímate – le dijo – que hace mucho que no salimos todos juntos de excursión. Por suerte, Nacho era un chico extremadamente delgado y no pesaba demasiado.
- Eh!! Yo también quiero jugar. – gritó Jordi corriendo hacia ellos. El caso de Jordi era otro cantar. Era un niño pequeño, encerrado en el cuerpo de hombre de 30 años. Y muchas veces, no recordaba la fuerza que tenía.
Nacho y él se miraron asustados, y se apartaron rápidamente – No, Jordi!! Jeu!! – gritaron los dos al mismo tiempo. Pero era tarde, Jordi se abalanzó sobre los dos y los tiró al suelo.
Después de jugar un rato en el suelo, goldy, el perro de Marc y Yolanda, se sumó al grupo lamiéndoles la cara a todos. Se levantaron entre risas y con la cara totalmente babeada.
- ¿Y el resto? – preguntó mientras se secaba la cara.
- La mayoría con Aitor subiendo, “piano piano” – le contestó Jordi – Marc se ha adelantado para ver por donde continuamos.
Al cabo de 5 minutos ya estaban todos juntos. Aitor llegó casi sin resuello y respirando trabajosamente – Joder!! ¿No podías haber buscado una excursión más tranquilita? – les recriminó
- Estas demasiado oxidado – le contestó Nacho.
- Por no decir algo más – añadió Jordi por lo bajo. Aitor era un tipo grande y de naturaleza robusta. Ciertamente le sobraban algunos quilos, pero no era algo a lo que le diera importancia. Siempre estaba de buen humor, alegre y simpático, pero algo quisquilloso y quejica, según la opinión de muchos.
- Bueno, no te preocupes. Lo malo ya ha pasado – le respondió él.- Ya estamos arriba, ahora es todo en llano.
Miró a su alrededor observando a sus amigos. No podía decirse que fueran un grupo pequeño ciertamente. Hoy se habían juntado 20 y no estaban todos, ni por asomo. A parte de las parejas regulares, algunos ya casados y otros en proceso, Aitor había traído a unos amigos suyos a la excursión.
Él se acercó lentamente a Aitor y le palmeó la espalda – ¿Esta bien? – le preguntó preocupado
- Solo dame 5 minutos.
- ¿Como las has engañado para venir? – interrogó señalando con la mirada a un par de hermanas amigas suyas.
- Tengo un gran poder de convocatoria – le respondió guiñándole un ojo.
Él se rió sin saber que contestar. Marc apareció de improviso con cara de pocos amigos.
- Tengo buenas y malas noticias – le anunció dejando la mochila en el suelo. El camino para ir al sitio de que os hablé esta embarrado y es casi impracticable. Un trozo de la montaña se ha desmoronado, supongo que por las lluvias de la semana pasada. Pero hay otro camino por el que podemos ir, que parece que esta bien.
- Y cual es la mala noticia? – le preguntó Nacho.
- Pues que ese camino tiene un enorme precipicio al lado. No hay peligro, pero impresiona un poco.
- Ya que he llegado hasta aquí – añadió Aitor – no nos vamos a quedar a media no?
- Yoli dame la correa del perro – le dijo Marc extendiendo la mano – lo llevaré atado.
Con ganas de llegar al sitio prometido, siguieron a Marc animados. Él camino que les había dicho su amigo impresionaba, pero no ofrecía un riesgo. Era suficiente ancho como para que pasaran dos personas a la vez sin problemas, aunque había que reconocer que el precipicio imponía respeto.
A mitad del camino, vio un águila en pleno vuelo. Sin pensárselo mucho, sacó la cámara y empezó a sacar fotos como un loco. Los demás continuaron caminando pasando por su lado y conversando tranquilamente.
Fue siguiendo los movimientos del ave con la cámara cuidadosamente hasta que se posó en una roca por encima de sus cabezas. Hizo zoom y encuadro al animal. Justo cuando hizo el clic un escalofrío recorrió su espalda. La roca donde estaba el águila empezó a temblar. El ave extendió las alas para salir volando y la roca cedió ante tal ímpetu. Justo en su trayectoria estaba Aitor charlando alegremente con sus amigas. Corriendo como si el demonio lo persiguiera se dirigió hacia su amigo – Aitor cuidado!! – le gritó señalando la roca.
Este se giró y miró hacia donde le indicaba. Se quedó helado. Por puro instinto, se tiró hacia un lado apartando a una de las chicas. Pero no le dio tiempo ha hacer lo mismo con la otra.
Él, sin pararse a pensar, se tiró en el último instante para empujarla y sacarla de la trayectoria de la roca. Pero eso hizo que intercambiara su destino con el de ella. Lo último que recordaba era el grito de la chica, el golpe de la roca y la sensación de caer al vacío…
Ahora recordaba lo que había ocurrido, pero ¿como estaba aún vivo? No tenía recuerdos de como había sido el aterrizaje, el impacto de la roca le había hecho perder la conciencia. Lo más seguro, es que los árboles hubieran amortiguado su caída de algún modo.
- Supongo que tener una pierna rota y el cuerpo magullado es un milagro – pensó con sorna.
Miró a su alrededor. Su mochila estaba a escasos centímetros de él. Se había roto con el descenso y la mayoría de su contenido estaba esparcido por todos lados. Haciendo acopio de fuerzas se medio incorporó y se estiró hasta cogerla. El esfuerzo despertó el dolor de su pierna y tubo que permanecer inmóvil unos minutos para recuperarse.
Luego rebuscó en la mochila hasta encontrar el cuchillo que llevaba y una toalla que aún estaba en su interior. Volvió a echar un rápido vistazo a su pierna. En esas condiciones no llegaría muy lejos. Seguramente sus amigos habrían avisado a los forestales y a estas alturas le estarían buscando, pero no podía quedarse allí. La temperatura empezaba a descender y tenía que buscar un sitio más cálido sino quería morir de frío.
Cogió un par de ramas que tenía cerca y empezó a trabajar con ellas con el cuchillo. Luego acabó de rasgar su mochila haciendo tiras de tela con ella.
No se veía capaz de poner el hueso en su sitio, pero tenía que entablillar esa pierna de algún modo si quería moverse. Haciendo un gran esfuerzo y apretando los dientes para aguantar ese suplicio, cubrió cuidadosamente la pierna con la toalla, puso las ramas a los lados de la pierna y la rodeó con las tiras de la mochila. Cerró los ojos, aspiró profundamente y apretó con un tirón seco.
Una punzada de pura agonía le atravesó la pierna y le subió por todo el cuerpo. Su visión empezó a empañarse por las lágrimas y el mundo le daba vueltas. Tenía nauseas, frío y dolor, pero no podía dejar lo que estaba haciendo a medias, tenia que acabar. Sumido en un mundo de nauseabunda angustia, consiguió medio entablillarla y atarla fuertemente. Sentía el pulsante tormento que emitía su pierna y notaba un líquido cálido que salía de ella, pero ya no dolía tanto como antes. Se sentía desfallecer, el mundo a su alrededor se sumía lentamente en penumbras. Antes de volver perder la conciencia, se desató la chaqueta que tenía atada a la cintura y se la echó por encima.
- Eh, chico despierta – decía la voz del viejo, mientras le zarandeaba.
El abrió los ojos asustado y lo miró algo confundido.
- Bienvenido de nuevo – Añadió con una sonrisa el anciano – parece que todo ha ido bien.
- ¿Bien!? – exclamó él incorporándose – estoy jodido!!!.
- Pero vivo.
- Si bueno, si no consigo salir de allí no seguiré estándolo por mucho tiempo. ¿Como vuelvo?
El viejo estalló en carcajadas – ¿Ahora quieres volver? Pensaba que te gustaba este lugar.
- No juegues conmigo – le recriminó enfadado – ahora que se lo que me esta pasando tengo que volver.
- ¿Para hacer que, exactamente?
- Pues, para...para – balbuceó pensando una respuesta. Pero ciertamente no tenía ni idea de que tenía que hacer – bueno vale, no lo sé. Pero no puedo perder tiempo aquí.
- Tiempo…si es cierto. El tiempo es importante y más en tu situación. Pero aquí el tiempo no existe, o no de la misma forma en que lo percibes.
- ¿Entonces que propones?
- Pues lo mismo que te he propuesto hasta ahora. Que busques tu camino.
- Ya empezamos – exclamó con fastidio.
- Mira hijo. Estas en una situación difícil, y has de encontrar una solución. Yo no te la puedo dar, pero puedo ayudarte a buscarla. Quizás este mundo donde nos encontramos, no responderá a tus cuestiones tan claramente como te gustaría, pero si te dará la respuesta que necesitas.
Él se cruzó de brazos y lo miró con el entrecejo fruncido. – De acuerdo – accedió – pero sin perder más tiempo, ¿por donde empezamos?
- Has despertado y has medio arreglado tu pierna, ese ha sido un paso significativo. Pero te has dejado cosas en el tintero, si no las haces pronto, no sobrevivirás. Por otro lado, si no envías una pista a tus buscadores podrían tardar demasiado en encontrarte. Y aún te queda una tercera opción que podría ser más rápida, pero…esa implica un riesgo enorme.
- ¿Y no puedes decirme simplemente que debo hacer? – le preguntó asqueado.
- No, no puedo. Ya te lo dije, las decisiones las has de tomar tu. Yo solo te acompaño y te guío.
- Pero es mi vida la que esta en juego!!
- Más motivo para que tomes una decisión sin demorarte más. ¿Que quieres hacer?
- Aunque vuelva, poco puedo hacer en la situación en la que me encuentro. Como se supone que puedo avisar a alguien?
- Puedes contactar con alguno de tus amigos cuando sueñen – le respondió el viejo encogiendo los hombros – pero hay el riesgo que no se acuerden cuando despierten.
- Entonces no me vale. ¿Cual es la tercera opción que has comentado?
- Hacer un pacto con uno de los animales de poder.
El lo miró desdeñoso enarcando una ceja – ¿Como?
- Esto va a ser largo, siéntate – le respondió señalándole un banco de madera.
Justo cuando se sentó en él, se percató de lo que estaba haciendo – Espera, ¿esto estaba aquí antes?
- ¿Estas en un mundo de sueños, y aún te sorprenden estas cosas? – le preguntó fastidiado el anciano – Ahora atiende. Todos tenemos, como mínimo, una representación de nuestro espíritu en forma animal. Estos animales son comúnmente un reflejo de nuestro yo más profundo y también pueden representar las cualidades o habilidades que necesitamos, pero que con frecuencia están ocultas u oscurecidas.
En este mundo, no son simplemente una representación, son una conciencia en si misma. La unión de todos los sueños han creado estos seres, que pueden moverse a su antojo. Es poco frecuente que interactúen con las personas por propia voluntad o que se inmiscuyan en asuntos terrenales, pero es posible contactar con ellos.
- No veo como eso me puede ayudar – puntualizó extrañado.
- Las personas, solo utilizamos una mínima parte de nuestro cerebro y su potencial. Estos seres son capaces de conectarnos con esa parte de la que no somos concientes. Hay otros medios por los que se puede conseguir, meditación, oración, estudio…pero estos requieren tiempo y dedicación.
- ¿Me estas insinuando, que pueden enseñarme como curar mi pierna rota?
- Eso sería un nivel muy avanzado, creo que aún debes recorrer muchos senderos hasta llegar allí. Estaba pensando en algo más fácil. De la misma forma que esta consciencia puede despertar, por decirlo de algún modo, una parte de ti, también puede conectarse con otras personas e influir en ellas.
- ¿Influir como? Les dirá donde estoy, como salvarme…
- Influir, no controlar. Pueden introducir sensaciones o presentimientos, ideas, sensaciones… que la persona decida seguir o no, depende enteramente de su libre albedrío. Pero, como seguramente te estarán buscando, podría guiar a tus rescatadores por el buen camino.
Él medito durante unos minutos. No era una mala idea, si estos seres existían realmente podía funcionar. – Creo que me arriesgaré – dijo haciendo el ademán de levantare, pero el viejo lo cogió del brazo y lo obligo a sentarse de nuevo.
- Espera, no es tan fácil. ¿Crees que un ser de estos te ayudará por tu cara bonita? Suelen ser caprichosos y arrogantes, y en concreto, el que puede realmente ayudarte, es de los peores. No solo tendrás que convencerle, sino que lo más seguro es que te pida hacer un trato con él. Estos tratos no son ningún juego. Si los aceptas, deberás respetarlos o las consecuencias podrían ser mucho peores. ¿Estas seguro que quieres arriesgarte?
- No veo que otra opción me queda. Si no hago nada moriré de todas formas.
- Entonces vamos – el anciano se levantó asintiendo con la cabeza – por suerte no descansa muy lejos de aquí.
Dejaron el claro donde se encontraban y cogieron un camino de tierra que discurría entre campos de cereales. Los campos estaban en su punto álgido. Mesados por una ligera brisa parecían olas de oro líquido. Se sintió prendado ante tal imagen y una sensación de completo relax le invadió. Quería descansar en medio de esos campos sin que nada más importara. El anciano lo cogió fuertemente del brazo y le obligó a seguir andando sacándolo de su ensimismamiento.
- ¿Que ha pasado? – preguntó molesto por la intromisión
- Que te estabas perdiendo – le contestó secamente – este es uno de los peligros de los que te hablaba. Estamos atravesando una de las zonas de descanso de uno de esos seres. Su influencia aquí es muy fuerte, y se estaba apoderando de ti. Serás capaz de mantenerte firme el trozo que nos queda.
- Si…creo que si – balbuceo aún confuso – pero ¿no teníamos que contactar con estos seres? ¿Dónde vamos?
- Cada uno tiene sus habilidades y cualidades. El de esta zona, por ahora no nos interesa. Pero no desesperes, nuestro destino no esta lejos.
Al cabo de pocos metros salieron de los prados y llegaron ante una pequeña ladera donde podían verse unas ruinas de piedra en su punto más alto.
- Le encontrarás allí arriba – le indicó el viejo – recuerda a lo que vas. No te dejes engañar, ni pierdas excesivo tiempo. Cualquiera de las dos podría ser fatal.
- ¿No vienes? – le preguntó esperanzado.
- No, esta es una de las cosas que debes hacer por ti mismo. Yo te estaré esperando aquí abajo.
El asintió con la cabeza y empezó a ascender – No tardaré mucho – dijo sin girarse.
- No estoy tan seguro de ello – respondió en voz baja el anciano.
A medida que ascendía, pudo ver que la construcción que se divisaba desde abajo era más grande de lo que parecía. Una serie de monolitos puestos en forma circular, estaban unidos por un dintel continuo de bloques más pequeños. En el centro de la formación había un gran altar de piedra, rodeado por cuatro piedras de un tono azulado, colocadas en cada uno de sus puntos cardinales. Aunque se apreciaba que los elementos habían hecho mella en esa construcción, aguantaba estoicamente el paso del tiempo.
Justo sobre el altar, se encontraba un gato de color negro y grandes ojos, que se estaba lamiendo la pata derecha indiferente a su llegada.
Él se rascó la cabeza mientras observaba al animal. - Esperaba algo más imponente – susurró para si decepcionado.
- Perdona – le preguntó al gato sin saber muy bien que decir – ¿eres tu el que me puede ayudar?
El gato desvió la mirada y lo estudió atentamente. Moviendo la cabeza, como si su valoración no hubiera sido satisfactoria, volvió a sus quehaceres.
Sin darse por vencido volvió a insistir - Esto…siento interrumpirte, pero un anciano me ha dicho que tu puedes ayudarme.
- <Por poder, puedo> – dijo una voz suave y femenina en su cabeza – <pero ¿por qué debería hacerlo?>
- Ahora empieza lo bueno - pensó soltando el aire lentamente – Porqué la necesito.
- <Si eso ya lo veo> – asintió incorporándose y estirando su cuerpo. – <Pero eso no es suficiente motivo.>- dio un grácil salto hasta el suelo y empezó a andar hacia él pausa y sinuosamente. – <Tienes suerte. Hoy estoy aburrida. Creo que te ayudaré, con una condición.>
- Soy todo oídos – le contestó expectante.
- Cógeme.
- ¿Que?
- <Pues eso. Si consigues cogerme te echaré una mano. Tengo ganas de hacer algo de ejercicio.>
- ¿Cuales son las normas? Si hechas a correr será imposible para mí atraparte y seria injusto.
- <La vida no es justa pequeño. Pero tienes razón, no tendría aliciente.>- miró a su alrededor - <El límite será esta construcción, yo no puedo salir de ella. Si lo hago, tú ganas.>
Lo medito unos momentos. Había espacio suficiente para que ella se moviera con libertad. Pero, si lo hacia bien, podía acorralarla contra alguna piedra y cogerla. Seguramente había alguna trampa en ese juego, pero no tenía tiempo que perder.
- De acuerdo – contestó y acto seguido se abalanzó sobre la gata. Pero esta ya se había anticipado a su movimiento y brincó sin esfuerzo fuera de su alcance. A partir de ese punto, el juego se hizo interminable. En varias ocasiones consiguió acorralarla, pero cuando creía que la tenía esta se escabullía de un salto sin dificultad. La gata buscaba sitios más elevados que él, para quedarselo mirando con aire de indiferencia y soltar algún comentario mordaz. Con la noción del tiempo completamente perdida, siguió intentando atraparla desesperadamente, hasta que cayó al suelo sin aliento.
- <Ya te rindes> – Le preguntó irónicamente el animal – <creía que me divertirías más.>
- Esto no va bien – dijo para si mientras jadeaba - estoy perdiendo el tiempo y bailando a su son. Esta claro que no la pillaré si no consigo cambiar el compás de este extraño baile. Piensa demonios, piensa.
- <Porque no descansas un poco pequeño> – lo ridiculizó la gata – <yo mientras me sentaré en esta roca a esperarte. ¿Te parece?.>
Se estaba burlando claramente de él, pero que otra cosa podía hacer. -Me está arrastrando a su terreno. A su…- como un relámpago en plena noche, una idea vino a su mente. Sin pararse a pensar en más opciones. Salió corriendo ladera abajo.
Pasó por delante del anciano que lo miraba estañado. Sin pararse a decirle nada, llegó hasta el campo de trigo y cogió una de las espigas. Luego volvió a emprender el camino de regreso.
- ¿Todo bien? – le preguntó el anciano cuando llegó a su altura.
- Luego te cuento – le respondió sin aminorar la marcha. Cuando llegó otra vez arriba, se paró unos segundo para recuperar el resuello
- <Vaya, has vuelto >– dijo la gata con indiferencia – <pensaba que te habías dado por vencido.>
El sonrió y se acercó a ella lentamente, manteniendo la espiga a su espalda. Cuando estaba a pocos centímetros de distancia se detuvo y la miró fijamente.
- < ¿Qué? > – le preguntó ella.
Sin mediar palabra, se acuclilló y empezó a agitar la espiga enfrente suyo – mixi, mixi, mixi, mixi – dijo siseando.
- <Eso no va a funcionar >– le dijo la gata fingiendo indiferencia, pero sin dejar de mirar la espiga.
El siguió sin hacerle caso.
- <He dicho que no funcionará> – añadió incorporándose – <para de hacer el tonto.>
El hizo oídos sordos y continuó agitando la espiga.
- <¡Para!> – gritó nerviosa. Pero sus ojos, abiertos como platos, no podían dejar de mirar el objeto que él estaba agitando. Su cuerpo temblaba de la tensión y el esfuerzo por no abalanzarse sobre ese odiado objeto.
- <Como no te detengas, yo…yo> - amenazó, pero era en vano. Sin poderse resistir más la gata saltó para intentar atrapar la punta de la espiga y él la cogió en el aire.
- ¡Te tengo! – Exclamó triunfante.
- <mierda> - dijo con fastidio la gata - <maldito instinto animal. Vale, vale, no te regodees. Déjame allí encima>
Hizo lo que le pedía – ¿Ahora me ayudaras? – le preguntó esperanzado
- <Si, pero no puedo hacer milagros. Y mi ayuda tiene un precio.>
- Pero dijiste…
- <Dije que te ayudaría >– le interrumpió – <no que fuera ha hacerlo gratis. Puedo hacer dos cosas por ti, en la situación en la que te encuentras. Puedo enseñarte como entrar en estado de meditación, en él puedes bajar el ritmo de tu cuerpo y ponerlo en estado de letargo. Ese estado permitirá preservar tu cuerpo del ambiente en el que se encuentre, durante un tiempo, y repararse poco a poco. O puedo influir en tus rescatadores, para que encuentren lo más rápidamente posible.>
- Creo que la opción más lógica sería…
- <Espera, no corras> – dijo volviéndole a interrumpir – <cualquiera de las dos opciones tiene sus riesgos. Si preservas tu cuerpo y no lo encuentran a tiempo podrías quedarte en estado de letargo de forma indefinida. Por otro lado, si guío a los guardas, pero tardan en llegar tu cuerpo podría recibir daños irreparables. Cualquiera de las dos opciones supone un riesgo.>
- Pero si guías a los guardas, llegarán antes.
- < Puedo influir en su búsqueda y guiarlos por el camino más rápido. Pero no puedo correr por ellos. Si son lentos o el camino no es practicable, no puedo hacer nada. De todas formas, cualquiera de las dos opciones requiere que sacrifiques una parte de tu ser.>
- ¿A que te refieres?
- < Para hacer una de esas cosas será necesario que gaste parte de mi fuerza, pero no será suficiente. Tu también deberás gastar parte de la tuya para que podamos hacerlo. Para que funcione tendrás que sacrificar una parte de ti, por decirlo de una forma que lo entiendas.>
- ¿Una parte como que? como un brazo? – preguntó confundido.
- <¿Para que quiero yo un brazo? No, tiene que ser algo que tenga la suficiente fuerza que necesitamos una parte de tus recuerdos, un poco de tu fuerza vital o directamente, una parte de tu alma>
- Y supongo, que sacrificar una de esas partes conlleva algo.
- < Por supuesto. Lógicamente si sacrificas parte de tu memoria, la perderás. Si escoges parte de tu fuerza vital, tu vida se acortará. Vivirás menos o tu salud se verá seriamente perjudicada. Si sacrificas parte de tu alma…perderás la habilidad de sentir. Serás un recipiente hueco, pero estarás vivo.>
- Que alentador – dijo él fastidiado – Así que, básicamente, para ganar tengo que perder.
- < En esencia, si. Así es.> - le respondió con un encogimiento de hombros invisible - < Se llama intercambió equivalente. Es necesario que aportes algo del mismo valor o fuerza que requiere lo que necesitas. Y da gracias, que la otra mitad la pongo yo.>
Se quedó en silencio unos minutos, pensando que debía hacer.- Sobre las opciones que me has comentado ¿Podemos hacer un mixto? - preguntó
- < ¿A que te refieres?>
- Podemos intentar guiar un poco a los guardas hasta que estén en el camino correcto y luego centrarnos en la meditación
- <Eso dependerá de tus habilidades para aprender y requerirá un poco más de energía. Pero es posible. Aunque el pago solo puedes hacerlo de una fuente. No puedes sacrificar parte de los recuerdos y de tu fuerza vital, por ejemplo. Y ten en cuenta que si centrarnos en una cosa, nos da un 100% de éxito, centrarnos en las dos nos lo reduce a la mitad>.
- Me guste o no, tendré que correr riesgos.
- < Si, y no te queda mucho tiempo. Tienes que tomar una decisión ya. ¿Que quieres hacer?>
Cerró los ojos y exhaló profundamente. No había un camino fácil pero no tenía tiempo de explorar otras opciones. – Creo que tendré más posibilidades de vivir si nos centramos en el equipo de búsqueda – sentenció mirando fijamente a la gata.
-<Es tu vida, tu eliges> - le respondió indiferente - <Ahora siéntate en el suelo con la piernas cruzadas>
El obedeció sin decir nada.
- < Voy a enseñarte ha hacer un viaje astral>
- ¿¡Cómo!?¿Pensaba que…?
- <No me rechistes, ni me interrumpas> - lo cortó la gata -< No puedo hacer el trabajo yo sola, tendrás que ayudarme y para eso tendrás que venir conmigo. En tu estado actual, la única forma de moverte libre por tu mundo es en forma astral. Así que no perdamos más el tiempo. Cierra los ojos y relájate.>
Cerró los ojos e intentó calmarse. Poco a poco, los sonidos de su alrededor se fueron amortiguando, como si cada vez estuvieran más lejos. La imagen de unos ojos amarillos rasgados apareció en su mente.
< Ahora imagínate un lago. Nada más. No importa que hay a su alrededor, no importa donde estés, tu solo visualiza>
Se concentró y en medio de esa oscuridad apareció un lago de aguas tranquilas.
<Eres una pluma, una hoja en el viento, camina por encima del agua. Mira como tus pasos crean hondas en ella. Ese es tu mundo, tus acciones, tus decisiones, cada cosa que haces o piensas genera una honda en el agua>
Caminaba lentamente por encima del lago mirando a su alrededor. Todo estaba ligeramente oscuro. Solo distinguía claramente el agua que tocaban sus pies. Con cada paso, se generaba una honda que extendía hasta el infinito.
< Ahora recuerda, recuerda quien eres, donde estabas, intenta evocar esa imagen en tu mente y búscala en el agua…>
Poco a poco se iban formando imágenes en la superficie acuosa. Imágenes de sus amigos, de su familia, de los lugares en los que había estado, pasado y presente se reflejaba por todos lados.
< Piensa donde quieres ir, donde quieres estar, lo que estamos buscando…>
Empezó a andar entre imágenes buscando la correcta. Se vio cuando era pequeño, el primer día de escuela, una noche de fiesta con sus amigos, el día que la vio por primera vez, un cumpleaños inolvidable…encontró imágenes de la excursión y se movió hacia esa dirección.
< Ahora abre tu mente y explora las imágenes. Busca todo lo relacionado con el contexto que nos importa, busca a tus amigos, a tus familiares, el lugar donde reposa tu cuerpo y busca a tus rescatadores…>
Se centró el un grupo de imágenes y avanzó lentamente entre ellas. Veía a su padre preocupado y a su madre llorando, a sus amigos mirando mapas y hablando frenéticamente, vio su cuerpo descansando entre hojas y finalmente imágenes de guardabosques y voluntarios buscando por la montaña.
< Ahora concéntrate aún más. No es solo el lugar, sino el tiempo lo que debes buscar, el momento justo donde aparecer, un poco antes o después puede llevarnos al desastre>
Se movió entre las imágenes hasta que encontró la que creyó correcta. Veía como el grupo de búsqueda no estaba muy lejos de su posición, pero estaban a punto de coger el camino incorrecto.
< Ahora cierra los ojos, déjate ir y sumérgete>
Algo intranquilo, hizo como le indicaba. Notó como caía lentamente y sus pies se sumergían. El agua estaba tibia y sorprendentemente, no mojaba. Extendió los brazos en cruz y se relajó. Poco a poco fue cubierto por completo, el silencio absoluto le rodeó durante unos segundos.
<Abre los ojos>
Se encontraba en medio del bosque, delante de él estaba la gata mirando al grupo de búsqueda que no estaba muy lejos de allí. Se miró a si mismo. Su cuerpo era translúcido, como si no fuera más que una tenue imagen. – ¿Esto es normal? – preguntó preocupado
< ¿Que esperabas? No estas en tu cuerpo, así que no esperes algo sólido. Nadie puede verte, ni tocarte...Bueno, nadie de ellos.>
- ¿Qué quieres decir?
< No hay tiempo para explicaciones. Hemos llegado en el momento correcto, pero no podemos perder la oportunidad. Debemos actuar. Yo intentaré guiarlos desde lejos, pero tu deberás ponerte entre ellos y hablarles>
- ¿Pero no me has dicho que no pueden verme?
< Y no pueden. Pero quizás tus palabras les lleguen a un nivel subconsciente. Siempre hay gente más receptiva de lo habitual. Será frustrante, pero no puedes rendirte. Debes perseverar> - la gata lo miró fijamente durante unos instantes y dándole la espalda se adentró en la oscuridad <buena suerte> - añadió a modo de despedida.
- Bueno, creo que es mi turno – se dijo a si mismo resoplando. Corrió hacia el grupo de hombres que tenía más cerca. Resultaba extraño pasar a través de los árboles y las plantas, era como si todo a su alrededor realmente no existiera, aunque fuera todo lo contrario.
Eran cinco hombres los que estaban allí mirando un mapa. Tres de ellos eran guardabosques que estaban discutiendo por donde continuar la búsqueda, los otros dos eran amigos suyos. Se puso delante de uno de ellos sin saber exactamente que hacer
- Marc, soy yo – dijo - Tu y Aitor tenéis que ir hacia la derecha, a través de esos árboles
- Crees que lo encontraremos – le preguntaba Aitor a Marc frotándose las manos.
- Claro que si, no puede estar muy lejos.
- Y estará…
- ¡No lo dudes! – Lo atajó – cosas más raras ha hecho. Conociéndole estará sentado en una roca esperando que lo encontremos.
De repente un maullido se oyó entre los árboles.
- ¿Habéis oído eso? – preguntó uno de los guardabosques
- Parecía un maullido – respondió uno.
- Mas bien un quejido – puntualizó el otro.
- ¿A que esperamos? – Preguntó Aitor ansioso – venía de esa dirección, puede ser nuestro amigo.
- Vamos – ordenó uno de los guías – despleguémonos en línea hacia esa dirección, de dos a tres metros de distancia entre cada uno.
- ¡Goldy! – Gritó Marc – Vine aquí. Dash!.
El perro surgió de entre la maleza y se dirigió hacia su amo. Él se encontraba en su trayectoria, pero el perro lo esquivó rodeándolo.
- Porqué ha hecho eso – preguntó Aitor extrañado.
<Claro el perro> - pensó esperanzado - <Los animales son más perceptivos, seguro que puede sentir mi presencia>- Goldy – le dijo – guía a tu amo. Pero si el perro lo oyó, no mostró signos de ello.
Los hombres se desplegaron y empezaron a avanzar gritando su nombre. Cada cierto tiempo el maullido se repetía como un faro en mitad de la noche. Pero al cabo de un rato, los hombres empezaron a dudar.
- Alguien esta jugando con nosotros – dijo uno – si realmente hubiera sido un quejido ya deberíamos haberlo encontrado, pero el sonido siempre viene de delante. Es como si se moviera según vamos avanzando.
- ¿Quién quieres que sea? – dijo Marc hastiado – estamos en medio del bosque, no hay nadie más aquí.
- Creo, que mi compañero tiene razón- puntualizó otro – durante la noche los ruidos son confusos. Seguramente es un gato u otro animal, deberíamos buscar por otro sitio.
- ¡No! – Gritó frenético – Este es el camino correcto, solo unos metros más, ya no estoy lejos de aquí.
- Quizás tengan razón – cedió Aitor – este ruido no parece que nos lleve a ningún sitio.
- ¡No,no,no! No podéis abandonar, estáis muy cerca!- Él se movía de un lado a otro, poniéndose delante de sus amigos – seguir el sonido, es lo correcto. – Pero era inútil, nadie lo veía, nadie lo escuchaba.
Los hombres se reagruparon otra vez – ¿Que hacemos, volvemos hacia atrás o avanzamos por el lateral? – preguntó uno de ellos.
- Creo que si cayó desde este punto, se encuentre por esa zona. – Respondió uno señalando el mapa – no esta lejos de aquí, es hacia la derecha.
Se arrodilló en el suelo frustrado. – Estáis cerca – dijo con voz suplicante – no me abandonéis ahora. – Ya no sabia que hacer, no sabía como guiarlos. Sin esperanzas y mirando al suelo, vio las piernas de un perro. – Guau! – ladró Goldy a escasos centímetros de su cara.
- ¡Gody!, ¿puedes verme?
- Guau! – respondió el perro
- ¡Calla Goldy! – gritó Marc.
- Si todo esta perdido…- murmuró él con mirada decidida – Vamos Goldye, te hecho una carrera – e incorporándose echo a correr hacia su cuerpo, seguido por el perro.
- Goldye! Quiet! Vine! – gritó Marc, pero el perro no le hacia caso. Enfadado hecho a correr detrás de él seguido por Aitor. – ¡Vine aquí!
El perro se detuvo y miró a su amo extrañado. No estaba seguro de que hacer.
De repente un gato negro salió de la maleza, maulló burlón y se puso a correr delante del perro.
Goldy excitado siguió corriendo.
- No puede ser…- Murmuró Marc corriendo.
<No te pares> - le dijo el gato poniéndose a su altura < Y no mires atrás, el perro me seguirá no te preocupes>
- Reconozco que tienes estilo y el don de la oportunidad – le respondió alegre
< ¿Acaso lo dudabas?>
No les costó guiar al perro los pocos metros que faltaban hasta llegar a su cuerpo. En cuanto el perro lo vio, lo miró extrañado. Como si no supiera distinguir cual de los dos era real. Al final decidió acercarse al cuerpo y lamerle la cara. Él notó una calidez en su rostro.
- Goldy que demonios…- dijo Marc, entre jadeos, apareciendo entre los matorrales y quedándose de piedra – Eh! Lo he encontrado!! – gritó con todo el aliento que le quedaba.
Al cabo de poco, estaban cubriéndole con una manta y poniéndolo sobre una camilla. El miraba la imagen sentado desde una roca. Podía notar como el calor volvía a su cuerpo, aunque no estuviera en él.
<Parece que al final lo hemos conseguido>- dijo la gata apareciendo a su lado.
El la miró asustado y miró al perro, pero no parecía que este la viera.
<No te preocupes, ahora no puede verme. No es más que un simple perro un poco tonto. Pero corre bastante, tengo que admitirlo> -comentó lamiéndose la pata derecha
El la miró agradecido – Por cierto, no me has dicho tu nombre, no puedo llamarte gata todo el rato.
<Que manía tenéis los humanos en poner nombre a todo. ¿Realmente importa? En fin, escógelo tu.>
- Déjame pensar. Eres tan enigmática, esquiva y sorprendente, como alguien que conocí una vez…creo que te voy a llamar Eli.
<Si te hace feliz…>- respondió con indiferencia, pero se podía vislumbrar un sonrisa en su cara. <Ahora debes volver.>
- ¿Y como lo hago?
<Cierra los ojos> - él obedeció. Eli se acercó lentamente y lo besó en la mejilla.
Volvió a abrir los ojos sorprendido. Pero ya no se encontraba en el bosque, ahora estaba otra vez en el dolmen y no había ni rastro de Eli. Se sentía mareado, la cabeza le daba vueltas y tenía nauseas.
<Todo tiene un precio pequeño> dijo una voz en su cabeza <Parte de los recuerdos que evocaste se hundieron en el lago de la vida. Parte de ti, fue ofrecida como pago en el camino. Ahora desciende de la montaña y vuelve a tu mundo>
Sujetándose la cabeza con una mano, para mitigar el dolor bajó tambaleándose. Había un viejo sentado en una roca que lo observó atentamente
- Vas a algún lado chico? – le preguntó cuando llegó a su altura
- ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿A dónde voy?– le preguntó el chico confuso.
- No soy más que un recuerdo ofrecido como pago – respondió mientras el mundo que lo rodeaba se difuminaba lentamente – ¿Donde estas? Es fácil, en un sueño – ahora todo su alrededor no era más que un borrón de luz – ¿a donde vas?...Eso es algo que solo tú puedes decir. – y con esas últimas palabras el mundo a su alrededor, desapareció para siempre.